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ENTREVISTAS

“Ser poeta es, ante todo, una forma de mirar el mundo desde el asombro”

Aguilar-JuanHerrero
Actualizado 31/10/2019 10:08:59
Jose Rojo

“Es una ilusión tremenda poder ver mi primer poemario en la calle y con un premio bajo el brazo”, admite el vallisoletano Juan Herrero, ganador del XV Águila de Poesía, que convoca el Ayuntamiento de Aguilar de Campoo, por su trabajo ‘Un verano a la orilla del teatro”. “Me llena de orgullo ver mi nombre entre poetas tan importantes, algunos de los cuales, como es el caso de Aitor Bergara, son también amigos muy cercanos”, subraya este joven poeta que recibirá el galardón el próximo 9 de noviembre.

Pregunta. El Águila de Poesía le reportará ver publicado su primer poemario. ¡Lo recordará toda su vida!

Respuesta: Exacto, Jose. Se trata de un libro que escribí en su mayoría hace un par de años. Es una ilusión tremenda poder verlo en la calle y con un premio bajo el brazo.

P. Supongo que echará de menos que este galardón no tenga una dotación económica.

R. Para nada. Desde que se publican las bases del concurso, quienes decidimos participar conocemos perfectamente cuáles son las condiciones. Es más, disponer de una quinta parte de los ejemplares (creo que este año me tocan 200) y poder ver este libro en las bibliotecas de Castilla y León es algo que no ofrecen muchos premios y que a mí, personalmente, me importa más que el dinero. Eso sí, si a última hora el Ayuntamiento decide extenderme un cheque o darme un sobre, lo recibiré con sumo gusto [risas].

Además, dejando ya las bromas aparte, llevo años siguiendo el certamen y me produce una gran alegría pararme a observar la trayectoria de quienes lo han ganado antes que yo. Me llena de orgullo ver mi nombre entre poetas tan importantes, algunos de los cuales, como es el caso de Aitor Bergara, son también amigos muy cercanos. Aprovecharé para decirte que el hecho de que no se haya reeditado ‘Out of work’ (para mí un libro fundamental para entender la poética de la crisis) es una cagada mayúscula por parte de las editoriales.

P. ¿Conoce Aguilar de Campoo?

R. Por supuesto. Cuando de pequeño veraneaba en Santander con mis padres, era parada obligatoria, antes de que funcionara la nueva autovía. Sin embargo, a raíz del premio he ido aprendiendo más sobre el municipio y me he quedado muy sorprendido (otra vez) por lo bonito que es, por la importancia de su historia y por lo amplia, variada y dinámica que es su vida cultural.

P. ¿Se atrevería a hacer un verso del pueblo?

R. Resulta que “Monasterio de Santa María la Real” es ya un alejandrino precioso [risas].

P. Un refrán popular dice: “De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco”. ¿Lo refrenda?

R. Uy, espero que lo de médico no sea cierto [risas]. Bromas aparte, muchas veces los dichos populares están cargados de sabiduría; ser poeta es, ante todo, una forma de mirar el mundo desde el asombro.

P. Otro: “El poeta nace, el orador se hace”.

R. Es complicado darte una respuesta rotunda a esto. De entrada te diría que el mejor amigo del poeta es la papelera o, en nuestros días, la tecla de borrar. Ya Horacio plantea en su ‘Epístola a los pisones’ esta dualidad: ¿Qué es más importante: tener un talento innato o aprender a poner en práctica un método? Sé que es muy poco romántico, pero detrás de mi libro hay un importante estudio de la métrica española tradicional y antes que cualquier otra cosa pretende poner en práctica esos conocimientos teóricos.

Lo mismo es aplicable para el orador: sí que creo que hay gente a la que se le dan mejor algunas cosas que a la mayoría de la gente (ahí está la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, por ejemplo), pero se puede aprender mucho mediante el estudio, la práctica y el método de ensayo y error.

P. Todo su poemario ‘Un verano en la orilla del teatro’ rebosa amor…

R. Lo hay, pero también hay mucha ficción. Digamos que esa forma de contar, algo delirante en ocasiones, es una verdad-mentira. Date cuenta de que si la vehemencia de esos sentimientos estuviera presente en mi vida diaria, me habrían llevado preso. ¿Qué nos salvaría si no pudiéramos fingir un poco ni siquiera en la creación de otros mundos? Aguiar e Silva, en su ‘Teoría de la literatura’, recoge un cuento (ahora no recuerdo el título, pero creo que era de Thomas Mann) en el que se premia a un poeta y cuando el rey va a otorgarle el galardón le pregunta por todas esas vivencias tan graves, tan intensas, que ha experimentado. Por supuesto, la respuesta del escritor es que él apenas ha salido de su casa.

P. ‘Por ver a Dios/ hago pan de tu sexo/ y mis pecados’ es uno de sus poemas breves. ¿En muchos casos “lo bueno, si breve, dos veces bueno”?

R. Sí y no, pero también todo lo contrario. Estos poemas de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas son haikus: un subgénero de poesía hiperbreve cuya métrica hemos importado de Japón. Pero, más que “breve”, te diría que el adjetivo es “rápido”, tanto en el plano de la escritura como en el de la lectura.

Me explico: En el de la lectura porque lo breve es lo que llega de forma instantánea (y no en vano vivimos en lo que algunos ya llaman la ‘generación story’). En el de la escritura, porque, como dice Jaime Gil de Biedma en el prólogo de “Las personas del verbo”, escribir un poemario rápido tiene también sus ventajas: la idea central del libro no se vuelve tan difusa, por ejemplo. Sea como sea, esos textos hiperbreves a los que te refieres casan bien —creo— con el concepto de inmediatez que nos domina como sociedad.

P. Entre las citas poéticas con las que presenta la mayoría de sus poemas en este libro, hay una de Likke Li y tres más de Robe Iniesta, The Smiths y Silvio Rodríguez. ¿La música le inspira?

R. No creo que la música y la poesía se puedan medir con la misma vara, pero hay un término inglés muy bonito, el de ‘songwriter’ (podríamos traducirlo como ‘escritor de canciones’), que hace referencia exactamente a lo que ellos son. Quiero decir con esto que no es un concepto tan peyorativo como el que connota nuestra palabra ‘cantautor’. Y sí, por supuesto que Robe, Silvio, Chaouen o Quique González son grandísimos autores de letras y, como tal, inspiran.

P. De los poetas clásicos y contemporáneos, cuyos versos también son preámbulos de sus poemas, cíteme al que más admire de cada uno de ellos y por qué.

R. La pregunta es muy buena, pero no me siento en condiciones de responderte con un par de nombres. A veces incurrimos en el error de denostar ciertos tipos de poesía o a ciertos autores por seguir a otros, pero eso es algo muy limitante, porque creo que podemos disfrutar y aprender de todos. Es más, si no lo hacemos, corremos el riesgo de caer en el sectarismo y de perder la autocrítica. Considero que alguien que escribe debe ser, ante todo, un buen lector. Eso sí, todas las citas están para dialogar con los poemas y cumplen una función dentro del libro.

Ahora, si aún quieres que te deje algunos nombres propios, entre los clásicos, te diría que Garcilaso por su elegancia, Lope por su versatilidad y productividad, Góngora y Cervantes por su modernidad, Lorca, Cernuda, Ángel González…

También entre los vivos hay grandes poetas que nos han dado y nos darán muchísimo, pero vivimos en el país de los reconocimientos a título póstumo. Pienso en García Montero, Roger Wolfe, Ana Rossetti, Gsús Bonilla, Amalia Iglesias, Fermín Herrero, Antonio Praena, Vicente Muñoz Álvarez, Juan Antonio González Iglesias, Ada Salas,… y, por supuesto, gente joven que escribe increíble: nombres como Ben Clark o Álvaro Tato forman ya parte del canon, pero ahí están Rodrigo García Marina, Carla Badillo Coronado, Alba Flores Robla, Carlos Catena Cózar… Hay también un chavalín de dieciséis años que se llama Mario García Obrero que es una locura. Si miramos a Hispanoamérica, el panorama se vuelve ya inabarcable. Me encantó ‘El disparo. Cuentos de barr(i)o’ del salvadoreño Luis Borja.

P. Y, a partir del Águila de Poesía, ¿qué?

R. De momento, después de recibir el premio el 9 de noviembre, lo único que tengo claro es que volveré a mis clases, que ya son una gran aventura. Más allá, no sé qué me deparará el futuro. Yo, como profesor de Lengua Castellana y Literatura, sí he conseguido vivir de los libros, pero no de la escritura. Tampoco quiero; me considero muy afortunado por tener el trabajo que tengo y, sobre todo, vivo muy tranquilo. Espero, eso sí, poder sacar una segunda edición de ‘Un verano a orillas del teatro’ con una editorial de León, Mariposa Ediciones. Ojalá sea una oportunidad para llevarlo por ahí un poco, aunque sin pasarme, porque me aburre leerme a mí mismo.

También hay por ahí alguna ‘moleskine’ con notas de un viaje por América Latina, de donde espero que llegue a salir algo, pero no hay ninguna prisa ni tampoco ninguna necesidad. Le debo a mi padre, el poeta Mauricio Herrero, haber aprendido a tener la boca cerrada cuando no hay nada que contar. Además, me reafirmo en lo de que los mejores amigos del escritor son la papelera y la tecla de borrar.