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CERRATO INSOLITO

Serrare/Cirratum, Sherrat/Sherratu, Cerrato

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Actualizado 15/11/2019 10:01:28
Fernando Pastor

El Cerrato es valle abierto de cereal y palomares; paramera pedregosa de encina, robledal, perdiz, liebre y colmenas. Iglesia grande, ermita en el cerro, arroyos silenciosos donde no hace mucho se cazaban ratas de agua y se movían con su fuerza las piedras de los molinos que había en cada pueblo, hoy ruinas mudas, en su discurrir cansino camino hacia el Pisuerga.

La más impresionante descripción del Cerrato me la ha dado Vidal Nieto Calzada. Estas son sus palabras:

El Cerrato, comarca de toboganes que bajan a los valles de frágiles arroyos, que son como venas, y suben a las cuestas calvas, los cerros grises y los páramos infinitos donde el cielo azul parece juntarse con un horizonte plano interminable.

El Cerrato es valle abierto de cereal y palomares; paramera pedregosa de encina, robledal, perdiz, liebre y colmenas. Iglesia grande, ermita en el cerro, arroyos silenciosos donde no hace mucho se cazaban ratas de agua y se movían con su fuerza las piedras de los molinos que había en cada pueblo, hoy ruinas mudas, en su discurrir cansino camino hacia el Pisuerga.

Es fuente antigua para el cántaro, y pilón para abrevar los animales. Bodegas de vino peleón de cuando había viñas, y cuevas en los cerros calizos. Casas de adobe y piedra y una plaza donde antaño hubo una gran olma que le daba nombre, y arriba, un cielo de azul intenso... eso, y el alma peregrina y emigrante de sus gentes, es el Cerrato.

Según los lingüistas la denominación Cerrato puede venir de dos acepciones diferentes, ambas procedentes del latín: cirratus (tierras onduladas dominadas por cerros), o serrare (zona cerrada). Ambas se ajustan a las características de la zona, salpicada por cerros, y cerrada por lo accidentado del terreno.

Antonio Manuel Rodríguez Ramos, profesor de la Universidad de Córdoba y escritor, se ha interesado por este “Cerrato Insólito” y aporta su visión, muy fundamentada, sobre la etimología de la palabra Cerrato:

Durante siglos, el Sistema Central ejerció de marca o frontera natural en el norte de Al Ándalus, recibiendo el nombre de “al zagr al awsat” (el límite o la frontera media). Sin embargo, el pueblo también siguió llamando a toda la zona “al sherrat” o “las sierras”, adaptando fonéticamente al árabe andalusí la denominación romance “serra” que siempre había recibido. Las distintas “sierras” o “sherrat” eran surcadas por dos rutas: la histórica romana que unía Mérida, Toledo y Zaragoza; y la otra fue denominada “Balad Humayd” (tierra, camino o calzada de Humayd), creada en Al Ándalus para unir las dos mesetas desde Toledo hasta los reinos del Duero. Aunque cayó en desuso a partir del siglo XVII y hoy está ocupado en gran parte por fincas particulares, el trazado de la calzada aún es visible y puede transitarse. En “Madrid Islámico. La historia recuperada”, Daniel Gil-Benumeya cuenta cómo utilizaron esta ruta indistintamente Ramiro II de León para arrasar Madrid en el 932, y las tropas de Córdoba para ocupar León en 939. El Balat Humayd fue la ruta que tomó Sancho el Craso de León en el 958 para cruzar el sherrat y llevar a su abuela, la reina Toda de Navarra, para que fuera tratada de su obesidad en Córdoba por el médico judío de la corte, Hasday ibn Saprut. En el otoño de 1072, Alfonso VI regresó a León cruzando el sherrat tras su exilio en la corte del rey al Mamún de Toledo, y la volvió a tomar en sentido contrario diez años más tarde para conquistar el reino de su antiguo aliado. Igual reyes que siervos, a caballo que a pie. El breve traslado de la corte de Madrid a Valladolid en 1601, también se llevó a cabo atravesando el sherrat por este camino.

No es la única ruta que atraviesa al sherrat que conserva el sonido arabizado del romance. El camino de Somosierra se llamó fayy Tárik o fayy al sherrat (paseo de las sierras), común igualmente en los montes de Guadalajara, Soria y otros lugares.

En definitiva, parece sensato pensar que “Cerrato” tiene su primer origen en las distintas acepciones del latín o en la palabra “sierra o sierras” del romance, que mantuvo su sonido arabizado durante el periodo andalusí como ocurrió con topónimos similares, por la sencilla razón de que fueron las mismas personas que vivían en la comarca quienes la siguieron llamando de la misma manera. Y eso explica que, una vez castellanizado el sonido, se mantuviera hasta nuestros días: “serrare/cirratum, sherrat/sherratu, Cerrato”.