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POR CAUCES Y LADERAS

¡Caza de granja, caza de bote...!

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Actualizado 02/12/2019 11:20:53
Por cauces y laderas

La cría de animales en cautividad ha ido evolucionando progresivamente hacia la obtención de mayores rendimientos proteínicos, llegando a su punto álgido en nuestros días. Paralelamente, la caza como necesidad ha ido pasando por diferentes etapas de auténtica regresión y otras de progreso, hasta convertirse en una actividad lúdica y sofisticada, aunque conservando ese espíritu atávico que rodea a todo buen cazador.

TELLO ANTOLÍN

Desde que en los albores de la prehistoria el hombre comenzará a cambiar la vida nómada, cazadora y recolectora por un modo de subsistencia más sedentaria, la captura de animales como medio de pervivencia, fue sustituyéndose, paulatinamente por una agricultura y una ganadería nacientes. Es un momento crucial en el que nuestros antepasados optan por la domesticación de los animales más productivos desde el punto de vista nutricional y utilitario. Desde entonces, la cría de animales en cautividad ha ido evolucionando progresivamente hacia la obtención de mayores rendimientos proteínicos, llegando a su punto álgido en nuestros días. Paralelamente, la caza como necesidad ha ido pasando por diferentes etapas de auténtica regresión y otras de progreso, hasta convertirse en una actividad lúdica y sofisticada, aunque conservando ese espíritu atávico que rodea a todo buen cazador.

El colectivo de cazadores ha rechazado de forma sistemática esta práctica de caza sobre animales criados en granjas; el declive de nuestras especies “salvajes”, perdiz, liebre y conejo, las más comunes aparejada a una mayor demanda de caza mayor, como el corzo, ciervo y jabalí sobre todo, esté propiciando este nuevo panorama. Por otra parte, y principalmente a partir delos años 70 y 80 del pasado siglo, las repoblaciones se convirtieron en práctica habitual de nuestros cotos; incluso las administraciones subvencionaron la compra de animales de granja con destino a la repoblación y reforzamiento de las poblaciones de caza. Paralelamente, y ante la escasez de piezas en muchas de nuestras zonas perdiceras y conejeras, han ido surgiendo lo que se ha dado en conocer como “cotos intensivos o cotos industriales” donde el cazador de menor puede “calmar” su instinto predatorio con animales semi-cautivos, aportando en la opinión de algunos a la disminución de presión sobre la “caza silvestre”. El resultado de todo este trasiego cada día es más evidente, contaminación genética, introducción de enfermedades, sobre-explotación de algunos terrenos, etc. Y no podemos echar toda la culpa a los criadores o a los gestores de fincas, incluso a los presidentes de los cotos de caza, que al fin y al cabo, buscan rentabilizar sus inversiones. Los verdaderos culpables somos los propios cazadores a los que nos gusta este juego y sin exigir que, al menos, se cumplan las mínimas garantías de que esos animales criados en cautividad no pongan en peligro a las poblaciones salvajes. Muchas veces se opta por las sueltas o por las reintroducciones debido a la impaciencia que provoca cada temporada tener que quedarse en casa, o no poder disparar a tal o cual animal. Pero está claro, y prueba hay de ello en muchos lugares, que una buena gestión —aunque más lenta— consigue unos resultados más sólidos y asegura un mejor futuro de las poblaciones.

Luego con decir que el campo está muy mal y que ya no hay perdices, o que los jabalíes hacen muchos daños incluso y, trasladado al mundo de la pesca, que los ríos están muy mal y no hay truchas, todo lo solucionamos. Y si bien esto es cierto, ¿no será que estamos provocando en los animales una pérdida de adaptación al medio a base de contaminación genética? Y no quiero trasmitir la idea de que las repoblaciones son todas negativas, ni las reintroducciones son perniciosas para el ecosistema. Todo según las circunstancias, pero siempre con la garantía genética y sanitaria que una situación tan delicada se merece. Y si no hay más, pues a lo mejor hay que recurrir a enfundar la escopeta. En fin, ¿dónde queda entonces la caza tradicional? Eso sí, desde luego, si optamos por la caza de “bote”, estamos en nuestro derecho, ¡pero cuidado!, que sea con mesura y con garantías de que nuestra actividad no esté perjudicando seriamente a nuestras especies y a nuestro entorno natural.