Disponible en
Ir a la versión móvil App para iOS App para Android en Google Play
Síguenos en twitter Estamos en Facebook YouTube
Compartir:

CERRATO INSOLITO

Juan de la Torre y el torero

Juan_de_la_Torre
Actualizado 02/12/2019 11:26:22
Fernando Pastor

Hombre de Olmos que tenía amistad con un taxista andaluz que se había establecido con un taxi en Valladolid, y al que llamaban El Torero porque disponía de licencia de tauromaquia que le permitía torear vaquillas en tentaderos.

Olmos de Esgueva ha tenido relaciones curiosas con el mundo de la tauromaquia.En esta localidad del Cerrato vallisoletano recaló Ángel Batanero, que había sido torero, desarrollando su carrera principalmente en Francia. Cuando llegó a Olmos contrató que le construyeran una casa con una plaza de toros adosada en la que se dedicó a dar servicio de tentadero, con vaquillas a quien se lo demandase, principalmente peñas o grupos para celebraciones (fin de curso, cumpleaños, etc.), procedentes de cualquier punto. Además preparaba anualmente para los jubilados de Olmos una comida culminada con la suelta de una vaquilla, a la que él daba algunos pases. Con esas actividades subsistía.

Pero más llamativa fue la experiencia de Juan de la Torre, hombre de Olmos que tenía amistad con un taxista andaluz que se había establecido con un taxi en Valladolid, y al que llamaban El Torero porque disponía de licencia de tauromaquia que le permitía torear vaquillas en tentaderos. También le facultaba para torear en las fiestas de los pueblos, pero para esto último era obligatorio llevar un ayudante autorizado y con poder para firmar el parte en caso de que se produjera alguna cogida y el torero al resultar accidentado no estuviera en condiciones de firmarlo.

Llegada la fecha de las fiestas de Herrera de Duero, le llaman para torear en el espectáculo taurino, y El Torero le pide a Juan que le acompañe como ayudante. Al llegar al pueblo lo primero que hacen es dirigirse al Ayuntamiento a cobrar las 4.000 pesetas estipuladas por su participación. La pasta por delante, por lo que pudiera pasar.

Con el dinero ya en el bolsillo, se dirigen a la plaza. Juan va como un auténtico subalterno, con una muleta colgada de los hombros y un botijo con agua en la mano. Se colocan los dos detrás de la barrera, esperando que salga la vaca, y cuando sale el bicho, El Torero le dice a Juan “ale, dale un par de pases”. Juan, sorprendido y con el susto de recibir tal propuesta, balbucea “¿yoooo?, yo no, eh”. Estonces toma la iniciativa El Torero y en los primeros capotazos la vaquilla le roza más de lo normal, dándole un golpe en la pierna que le provoca un pequeño revolcón. Se levanta y le dice a Juan “vámonos de aquí”. No tenía nada más que un golpe, pero alegó que había recibido una cornada en la pierna para justificar su precipitada marcha. De hecho ni pasó por la enfermería.

Salieron de Herrera de Duero y se fueron a merendar.

El Torero, cuando iba a las fiestas de los pueblos procuraba aprovechar para llevar con el taxi a algún cliente, así cobraba también la carrera. Pero aunque no encontrase clientes para la ocasión, no se perdía el acudir a las fiestas de los pueblos con su taxi. Y Juan de la Torre de subalterno.