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CERRATO INSOLITO

Las elecciones en Esguevillas de Esgueva

Esguevillas
Actualizado 19/12/2019 09:50:24
Fernando Pastor

En la época del bipartidismo entre liberales y conservadores, en Esguevillas de Esgueva ambas tendencias tenían las fuerzas muy igualadas. Tan solo un voto decantaba la balanza, y se conocía con antelación el resultado ya que todos sabían a quién votaría cada vecino. Así, en vísperas de unas elecciones municipales en las que se sabía que ganarían por un voto los conservadores, estos tenían ya preparado el ágape de celebración en casa del virtual alcalde, con gran profusión de manjares y pasteles. La ocasión lo merecía.

Ahora que está tan en boga la disputa política y la repetición de elecciones, cabe recordar que el Cerrato fue precursor en este tema. En la época del bipartidismo entre liberales y conservadores, en Esguevillas de Esgueva ambas tendencias tenían las fuerzas muy igualadas. Tan solo un voto decantaba la balanza, y se conocía con antelación el resultado ya que todos sabían a quién votaría cada vecino.

Así, en vísperas de unas elecciones municipales en las que se sabía que ganarían por un voto los conservadores, estos tenían ya preparado el ágape de celebración en casa del virtual alcalde, con gran profusión de manjares y pasteles. La ocasión lo merecía.

Pero los liberales hablaron con el Tío Manuel, que era el cabo de serenos y alguacil, de quien se sabía que iba a votar a los conservadores. Le invitaron a una buena merienda en las bodegas y allí le prometieron que si cambiaba su intención de voto y votaba a los liberales, dando a estos la victoria, le propondrían a él como alcalde. La promesa era tentadora, ya que prácticamente suponía votarse a sí mismo.

Las votaciones eran el día siguiente a la salida de misa, y el soborno dio sus frutos: ganaron los liberales por un voto. Al Tío Manuel le costó ser destituido del cargo de alguacil.

Parecidas circunstancias se produjeron en otra ocasión. Las fuerzas seguían niveladas y se sabía que ganarían los conservadores por un solo voto.

De nuevo los liberales urdieron una trama para cambiar el signo del resultado. Hablaron con el Tío Rengue, un hombre que trabajaba de pastor por cuenta ajena en Olmos de Esgueva, y le propusieron que cuando fuera a votar rompiera la urna.

Llegado el día de las elecciones, el Tío Rengue le dice a su patrón, el dueño de las ovejas, que se iba a su pueblo a votar. El patrón le pregunta “¿a quien vas a votar?” y responde que a los liberales. La respuesta no le gustó al patrón, que era conservador, por lo que le advirtió que si votaba a los liberales le despediría. Al Tío Rengue no le importó demasiado, ya que los liberales le proporcionarían trabajo en los viñedos de Esguevillas.

En el momento de votar, al introducir la papeleta en la urna dio un golpe con la mano y la rompió adrede, tal como había acordado. Se armó tal alboroto que se tuvieron que suspender las votaciones y repetirlas una semana después, el domingo siguiente.

El todavía alcalde, Sabas (liberal), contactó con la Guardia Civil y asumió la responsabilidad de lo que pasase, solicitando que fuesen arrestados los causantes del alboroto.

El domingo siguiente, fecha de la repetición de las elecciones, para evitar incidentes llegó a Esguevillas un camión con una dotación de más de una docena de números de la Guardia Civil a las órdenes de un teniente. El caso es que entre el ambiente enrarecido por lo ocurrido la semana anterior, las presiones habida durante la semana, la presencia de tanto guardia civil…, hubo gente que no acudió a votar. Esa abstención favoreció que finalmente ganaran de nuevo los liberales.

La rivalidad entre conservadores y liberales provocó que incluso hubiera dos bailes en el pueblo, uno de liberales y otro de conservadores. En fiestas, cada uno llevaba una orquesta.

Mari Cruz, una chica cuya familia era conservadora, y por tanto frecuentaba el baile de los conservadores, entabló noviazgo con Julio García, un vecino de militancia o simpatía liberal. Julio iba a buscarla y la sacaba del baile de los conservadores para llevarla al de los liberales, pero rápidamente iba su padre a por ella para que volviera al baile de los conservadores, y así una y otra vez.

Al final se casaron.

Espionaje y la noche de los tiros

En otras localidades cerrateñas también hubo disputas políticas llamativas. En Villahoz se dieron casos de espionaje: una formación política ofrecía un garrafón de vino a quien se pusiera a escuchar debajo de la ventana de la otra cuando celebraba sus reuniones y luego contara lo que había escuchado.

En Castrillo Tejeriego aún recuerdan lo que quedó para la memoria como La noche de los tiros. A principios del siglo XX, siendo alcalde Francisco Cortijo, al que denominaban el Tío Paco, no era posible desbancarle del cargo ya que compraba votos, creando una red de clientelismo político. Ofrecía a las familias trigo. Según el número de miembros de la familia les daba una fanega o media fanega; cuantos más miembros más votos, así que tenía que remunerar en consecuencia. Los contrarios al Tío Paco (lo que hoy se llamaría oposición), encabezados por la familia Recio, estaban hartos de estas prácticas y una noche dispararon con escopetas desde la calle hacia varias ventanas de la casa de Francisco Cortijo. Este respondió disparando a su vez a los atacantes desde otra ventana.

Nadie pudo dormir esa noche en Castrillo Tejeriego. A la mañana siguiente hizo acto de presencia la Guardia Civil. El Tío Paco, a quien también denominaban El Cacique, se marchó a Argentina. En Castrillo Tejeriego aún pueden verse sus iniciales en la fachada de piedra de la que fue su casa y escenario de La noche de los tiros.