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LA TRASTIENDA

Lecturas

Actualizado 19/12/2019 10:00:56
Antonio Álamo

Hace muy poco tiempo el historiador José Varela Ortega publicó un libro titulado “España. Un relato de grandeza y odio”. Podría servir como regalo de Navidad porque esta obra, editada por Espasa, tiene un precio razonable y su contenido también lo es.

Hace muy poco tiempo el historiador José Varela Ortega publicó un libro titulado “España. Un relato de grandeza y odio”. Podría servir como regalo de Navidad porque esta obra, editada por Espasa, tiene un precio razonable y su contenido también lo es, pero cuesta imaginar que este volumen aparezca en ese listado donde, de forma manuscrita o mental, figuran aquellos bienes que en esta época son susceptibles de ser entregados como obsequio en cualquiera de las fechas más señaladas. Más que nada porque a simple vista el rótulo intimida e invita a considerar que se trata de una obra difícil de digerir.

Sin embargo, las apariencias engañan porque el título, lo cuenta el autor en la introducción, no le pertenece ya que le fue impuesto por la editorial en lo que parece ser un esfuerzo de síntesis de todo su trabajo. Él aseguraba que su pretensión era la de destacar lo que en su opinión era una aproximación a la imagen de España en el extranjero tomando como referencia los estereotipos del español militante y del español indolente, en un periodo que abarca desde el siglo XV hasta el actual. Pues nada de nada… ni siquiera le dejaron aprovecharlo como subtítulo. La editorial, eso sí, puso una portada —un escudo resquebrajado— que puede que esté muy bien y que sea muy artístico, pero que deja en el espectador una sensación extraña ya que difícilmente casa con el contenido de los textos que envuelve.

En cualquier caso, es un ensayo histórico sobre la pervivencia de ciertos estereotipos sobre España que, fabricados en el exterior, tienen sus raíces en la realidad del pasado y ofrecen de nosotros una imagen con la que convivimos y de la que no nos vamos a desprender del todo jamás. O, si nos desprendemos, será dentro de varios siglos. En ese sentido, conviene conocer los orígenes de algunos tópicos que circulan en el extranjero sobre nosotros porque si cualquier persona —lo admita en público o no— siente curiosidad por saber cómo es visto por quienes le rodean, parece lógico aceptar que también se interese por conocer qué opinan quienes no son tan cercanos. Habrá quien considere ese interés como propio de cotillas, pero también es posible que tal curiosidad sirva para disponer de más elementos de juicio y no vivir en la inopia o en una nube. Quizá por eso, el libro constituye una respuesta documentada a esa pregunta que más de uno se habrá planteado alguna vez: “¿Qué piensan de nosotros ahí afuera?”

En ese sentido, la imagen que hace un par de décadas podía contemplarse —y es solo un ejemplo— en los tenderetes de la villa española de Bosost, en pleno Valle de Arán, hubiera podido encajar aquí de maravilla. Allí, a un kilómetro de la frontera francesa, los recuerdos que se exponían a la venta eran cientos de mujeres diminutas, vestidas todas con trajes de sevillanas, y cientos de señores diminutos, vestidos todos de toreros. Cientos y cientos de figuritas humanas con dos únicos modelos de vestimenta. Para un ciudadano español la sensación era abrumadora porque invitaba a imaginar cómo éramos vistos en el extranjero. Por suerte, a nadie de la localidad se le ocurrió exponer figuritas de bandidos de Sierra Morena. La honra, pues, quedó a salvo: toreadores y bailarinas, sí, pero no bandoleros.

Si a eso se le añaden algunas exhortaciones españolas, según las cuales fuimos evangelizadores de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma (ahora de Estados Unidos) y cuna de San Ignacio, es fácil imaginar que tenemos un gravísimo problema de imagen causado tanto por ciudadanos de fuera como de dentro. Y de antes y de ahora. Y sin posibilidad de arreglo inmediato a juzgar por la enorme labor cultural que muchos de nuestros próceres, latiguillo a latiguillo, van desarrollando en los medios de comunicación con declaraciones dignas de figurar no en la continuación de esta obra de Varela Ortega pero sí en cualquier otra que (como Mater Dolorosa, de Álvarez Junco) se dedique a explorar desde dentro, desde España, nuestra idiosincrasia.

Lamentablemente, la editorial tampoco acertó con el momento del lanzamiento porque, justo cuando el libro empieza a ser conocido, estamos a punto de comenzar la Navidad, época en la que el “qué dicen de nosotros” no importa nada frente al “qué me pongo” de la cena de empresa, el “quién se sienta a mi lado” en la cena familiar de Nochebuena, el ”qué bebo” en el cotillón de Año Nuevo y el “qué le regalo yo a este petardo” en la noche de Reyes. Estaremos como para leer libros.