Disponible en
Ir a la versión móvil App para iOS App para Android en Google Play
Síguenos en twitter Estamos en Facebook YouTube
Compartir:

POR CAUCES Y LADERAS

Malditos cuatreros

FOTO_TELLO_576
Actualizado 19/12/2019 09:57:46
Por cauces y laderas

Nada parece ser suficiente para detener a estos delincuentes empeñados en llenarse el bolsillo con cargo a una cuenta de lágrimas ajenas. Y aunque todos los perros están en la cruceta del visor de estos indeseables, los hay que por tener la sangre heredada de padres de una misma raza o por saber de los laureles de algún campeonato de caza o belleza, se convierten en su mas preciado objeto de deseo.

TELLO ANTOLÍN

Existe algo mucho peor que vender armas o caballos de polvo blanco. Para mí no existen peores delitos que aquellos que suponen traficar con las miradas, para apagarlas, para abusar de ellas o para vender su libertad por un precio cierto. En el mundo de la caza, las victimas de estos delitos son nuestros perros. Todos sabemos de alguien cercano a quien le robaron uno o varios del coche o de la perrera, de ahí, que estos se estén convirtiendo en una especie de prisión o bunker, pero al revés, pues no se trata tanto de que los perros no se escapen, lo que no es tan difícil, como de que no entren en ellas estos ladrones de guante y corazón negro. Cerraduras, malla metálica, alambre de espinos, cristales en los muros….

Nada parece ser suficiente para detener a estos delincuentes empeñados en llenarse el bolsillo con cargo a una cuenta de lágrimas ajenas. Y aunque todos los perros están en la cruceta del visor de estos indeseables, los hay que por tener la sangre heredada de padres de una misma raza o por saber de los laureles de algún campeonato de caza o belleza, se convierten en su mas preciado objeto de deseo.

Mención aparte merecen los galgos, esos perros con hechuras de viento y olvido, sobre los que pesa la maldición de servir para cazar sin escopeta. Los galgos tienen buena salida en el mercado de los que les gusta saltarse la alambrada de las vedas sin pegar un tiro, gentuza que convierte la caza en una junta de carne sólo por sentir el morral lleno de tibieza que exhalan las liebres recién muertas. Sin embargo, no son mayoría los ladrones de perros que utilizan en beneficio propio el “can” ajeno; en las filas de estos verdugos de ilusiones abundan los que buscan un comprador final. Y ahí está el principal problema, que la gente los compra. Hace falta ser un perfecto “Hijo de puta” para comprar un perro a sabiendas de que es robado. Y no le quito una letra a la palabra, que se las tiene todas ganadas a pulso. Es casi seguro que el que compra un perro robado luego pondrá el grito en el cielo cuando le “birlen” el reloj o la cadena del cuello. Así son “tartufos”. A los “abigeos” de perros y a sus receptores hay que denunciarles, apuntarles con el dedo de señalar maleantes, a ver si entre todos conseguimos sembrarles de sal el huerto, vaciarles las manos de riqueza injusta.

Sé que me pongo visceral con este tema, pero es que a mí con los perros me pasa como a casi todo, que los quiero demasiado, y ese exceso de cariño es lupa donde la alegría y el dolor se agigantan, por eso disfruto tanto con ellos, por eso me duele tanto cuando se van. De ahí que no conciba que haya gente que robe lealtades, para hacer de ellas una moneda y cambio y miseria; que se llene el bolsillo quebrando cariños, como si fueran sarmientos. Robar un perro es robar una mirada y del cáliz de las miradas no se puede beber con las uñas sucias porque su vino es sagrado.

Para un cazador que lo sea, despojarle así de su perro es arrancarle de cuajo las ganas de volver al monte. Mucho es el cariño que se les coge a estos animales que saben ser bravos en el campo y se vuelven de azúcar cuando les acariciamos…

Sé que es duro, pero, en fin, es lo que toca ahora. El que roba un perro, además de cometer un delito, está obligando a su dueño a enterrarle con cal viva en su memoria, le esta llenando de astillas las uñas del corazón. Y eso duele, Duele mucho…

Feliz Navidad y Próspero Año nuevo