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CERRATO INSOLITO

El fútbol en Amusquillo

Real_Amusquillo
Actualizado 16/01/2020 10:24:48
Fernando Pastor

Como en otros muchos pueblos, en Amusquillo los chavales no podían jugar al fútbol en las eras porque estaban ajustadas por los pastores y no podían estropear la hierba, alimento de sus ovejas. Por ello el espacio donde se daban patadas al balón era una explanada junto a la iglesia, en la que antes hubo un cementerio.

En Amusquillo había mucha afición al fútbol. No en vano alguien dijo que bajaban a Valladolid dos veces al año, en las fiestas de la capital y cuando jugaba el Athletic de Bilbao. Como en otros muchos pueblos, en Amusquillo los chavales no podían jugar al fútbol en las eras porque estaban ajustadas por los pastores y no podían estropear la hierba, alimento de sus ovejas. Por ello el espacio donde se daban patadas al balón era una explanada junto a la iglesia, en la que antes hubo un cementerio.

Esa explanada era también usada para otros deportes y juegos, incluido las canicas. Los hoyos que se hacían para esto último propició que al jugar al fútbol aflorasen huesos humanos a pesar de que se echó una capa de tierra cuando el cementerio dejó de usarse.

Si no eran muchos a jugar, pintaban con tiza una portería en la pared de la iglesia, se ponía uno de portero y se formaban dos pequeños equipos que tiraban ambos contra ese portero común y se supone que neutral.

Los quintos cuando eran tallados hacían una fiesta en la que invitaban a los vecinos. Pero un año de la década de los 60, solamente hubo un quinto, Angelito, e invitar él solo a todo el pueblo era inasumible económicamente, por lo que cambió la invitación por la adquisición de un balón “de reglamento” (así se decía cuando eran de cuero, similares a los usados en competiciones oficiales) para que jugasen los chicos del pueblo. Lo guardaba en casa de su tía, y quien quisiera jugar con él no tenía más que ir allí y pedirlo. Era por tanto un balón comunal.

Balón comunitario y balón-melón

Sin embargo los más pequeños seguían jugando con balones de goma. A Moisés Burgueño le trajo uno un tío suyo que vivía en Bilbao. Era un balón de color brillante, pero con el tiempo y las patadas fue perdiendo el color y se fue ahuevando ya que tenía poca consistencia (aunque le utilizaban para jugar al fútbol en realidad era un balón de voleibol). Pasó de balón (esférico) a melón.

Y en esa época, concretamente el 5 de diciembre de 1962, nace en Amusquillo Marcelo de la Cal Mieres, quien se convertiría en el jugador federado más longevo.

En total lleva federado 44 temporadas. La Federación de Castilla y León de Fútbol le hizo un homenaje en 2006 por su longevidad deportiva, sin saber que iba a seguir muchos años más. Con 57 años, es previsible que su carrera no se alargue mucho más. Posiblemente ya no juegue la próxima temporada, ya que en cualquier choque con un chico más joven saldría peor parado y además cualquier lesión a esta edad es más difícil de solucionar.

No entrará en el record Guiness como el jugador de fútbol en activo más longevo del mundo porque de momento la marca inigualable la posee el israelí Itzhak Hayk, que juega de portero en el Maccabi Ironi or Yehuda, de la 5ª División de Israel, con nada menos que 73 años.

Pero de Marcelo de la Cal hablaremos en otro capítulo, pues merece capítulo propio.