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POR CAUCES Y LADERAS

La calidad, ¡por encima!

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Actualizado 31/01/2020 12:17:39
Por cauces y laderas

Estamos perdiendo el cuidado de las formas, la sensibilidad ancestral de caza para comer. Parece ser que la caza moderna o del nuevo siglo va por estos caminos. Y eso es lo criticable y contra eso debemos luchar todos, si queremos seguir siendo humanos, si queremos seguir cazando para ser humanos.

TELLO ANTOLÍN

El pasado mes podía leer en una conocida revista cinegética, un artículo que me sorprendió, como alguien nos relataba, entiendo que orgulloso, una cacería de urogallos y gallos lira en Bielorrusia, en la que, como complemento a la cacería “La reserva de caza”, dejaba cazar, sin cupo, gratis y en época de celo “becadas….” ¡Santo Dios bendito…! Desde luego no deja de poner el vello de punta el comprobar cómo la gestión de las aves migratorias, sigue y seguirá siendo por muchos años, una asignatura pendiente. Mientras en el norte peninsular se están pagando cuotas importantes por una acción en un coto de caza que da derecho a salir en busca de la codiciada “chocha”, cuando en el centro y sur de Europa existe un planteamiento firme de imponer una fuerte restricción a su caza, en sus cuarteles de cría, las “chochas” no son más que el complemento a una cacería de urogallos y, como destaca el relato, en desafortunado comentario, ¡gratis! A mi entender, y desde el punto de vista biológico y ético, es el mayor de los desprecios a la “dama del bosque”.

El hecho es que relatos como éste dan pie a varias y a mi juicio importantes reflexiones. Mientas en la Unión Europea se está debatiendo sobre si se debiera matizar o no la protección de la caza de aves durante su reproducción, ¡caso de la codorniz en España…! ¡vemos como en algunos países de la misma Europa, se compromete el futuro de muchas aves que pasan los inviernos en nuestros bosques y montes, y que son patrimonio de la humanidad y lo peor es que aquí, entre nosotros, siguen existiendo “ESCOPETEROS” que o se van allí a ser partícipes y aprovecharse de una situación crítica, o se quedan aquí opinando que total, si las van a matar en su lugar de cría, porqué las voy a respetar yo aquí durante la invernada. Pero esto no sólo pasa con las “becadas”. En cualquier publicación del sector, podemos ver anuncios de ¡por ejemplo! fastuosas cacerías de corzos en Hungría o en la República Checa, donde cazadores de países de mayor poder adquisitivo, incluido los españoles, no se indignan al relatar la vuelta, cómo por lo que aquí cuesta un permiso de corzo, allí “asesinas” desde un vehículo o desde un carro a media docena de animales… ¡esto, es muy triste! Y no critico que haya gente que vea sus ansias venatorias satisfechas de esta manera, siempre y cuando no se esté poniendo en peligro a la especie. Desde mi experiencia, y por desgracia, no son demasiados los cazadores que no basan la satisfacción de caza en el número de piezas o tan sólo en una sola pieza, si de caza mayor se trata.

Pero lo más preocupante, es que estas “prácticas” arrastran al joven cazador. Estamos perdiendo el cuidado de las formas, la sensibilidad ancestral de caza para comer. Parece ser que la caza moderna o del nuevo siglo va por estos caminos. Y eso es lo criticable y contra eso debemos luchar todos, si queremos seguir siendo humanos, si queremos seguir cazando para ser humanos. La verdad sea dicha, es que en pocas revistas especializadas leemos un relato de caza en el que el resultado de la jornada no haya sido la muerte del animal.

En fin; estamos poco acostumbrados a leer y a escribir sobre los mal llamados fracasos, entiendo por tales, la vuelta a casa con el “morral” vacío, o bolo, que no de satisfacción. Eso entiendo yo como calidad. Como calidad es salir al campo a ser toreado por las ”emputecidas” perdices todo el día y volver a casa con las manos vacías. No por eso se es peor cazador, al contrario, la caza es pasión, es lucha y sentimiento y, como tal, hay que saber encajar las derrotas con la cabeza bien alta. Y además, se puede y se debe contar con mucho orgullo.