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CERRATO INSOLITO

El hombre del tiempo

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Actualizado 15/05/2020 13:55:43
Fernando Pastor

Hoy se celebra la festividad de San Isidro, patrón de los labradores, a quien se le invoca para bendecir los campos y pedir lluvia cuando escasea. En Astudillo un maestro enseñaba a los niños todos los aspectos de la agricultura, y ello fomentó en Mariano Bustillo la inquietud por la meteorología.

Hoy es la festividad de San Isidro, patrón de los labradores, a quien se le invoca para bendecir los campos y pedir lluvia cuando escasea. El Cerrato es una comarca eminentemente agrícola y por eso sus gentes viven mirando a las nubes, de las que depende en buena medida el éxito de las cosechas y por ende la bonanza económica.

En muchas localidades del Cerrato se realizan actos en su honor. Los más característicos son engalanar su imagen con espigas y ofrendas realizadas en la misa de su festividad, en la que las chicas ocupaban las primeras filas de la iglesia con cestas con flores y productos de la tierra que luego depositaban en el altar a los pies de la imagen del santo.

En Astudillo un maestro enseñaba a los niños todos los aspectos de la agricultura, y ello fomentó en Mariano Bustillo la inquietud por la meteorología. Comenzó poniendo un bote para medir las precipitaciones. De adulto se dedicó a la agricultura, por lo que el tema le resultaba de vital importancia, no solamente la lluvia, también la temperatura por su influencia en los tratamientos a aplicar a los cultivos.

Por todo ello en 1959 comenzó a montar en el patio de su casa una estación meteorológica, denominada Carralobo, convirtiéndose en un verdadero hombre del tiempo.

Desde entonces obtiene y guarda los datos relativos a precipitaciones y temperatura mínimas, máximas, medias diarias, mensuales, trimestrales, anuales, comparaciones por décadas, etc. producidos en Astudillo. De esta forma tiene registrado por ejemplo el día más lluvioso, el de más evaporación, el más soleado, la dirección y velocidad del viento, la presión atmosférica, la temperatura máxima más alta y más baja, la mínima más baja y más alta, los días de más contraste térmico…, todo ello acompañado de los gráficos correspondientes, reseñas de acontecimientos como riadas.

Para todo ello cuenta con un pluviómetro con tapa antievaporación y conducción del agua a una probeta graduada. Un pluviógrafo que mediante una pluma con una boya que oscila según el volumen de agua del depósito y registra los datos en un rollo de papel con coordenadas que combinan las horas y el número de litros y que va corriendo como un reloj. Un termómetro de temperaturas máximas de mercurio que cuando sube ya no baja si no se le sacude. Un termómetro de temperaturas mínimas de alcohol, que mueve una varita como testigo que se queda en la mínima que haya. Un sensor de temperatura con una pluma que lo registra Un evaporímetro que permite saber el grado de riego que necesitan los cultivos, lo que contribuye al ahorro de agua. Un aparato que le marca la velocidad, dirección y oscilación del viento. Un heliógrafo (bola de cristal que hace efecto lupa que cuando hay sol quema un papel con las horas marcadas y que gira como un reloj), para saber las horas del día en las que ha habido sol. Un barógrafo para medir la presión atmosférica. Datos todos ellos que colecciona celosamente.

Es decir, una estación meteorológica similar a lo que tienen en los observatorios y en la Agencia Estatal de Meteorología, con la que colabora enviando datos.

REFRANES, TOROBUENO Y LA MESA DE LA MARQUESA

La labor de Mariano Bustillo en este sentido propició que varias emisoras de radio palentinas requirieran su colaboración. Así, desde hace años diariamente se escucha su voz en las ondas informando como un auténtico Hombre del Tiempo.

En sus intervenciones radiofónicas también pronuncia refranes relacionados con el tema de la climatología y ajustado al día o al mes en que esté. Por ejemplo “agua de mayo no cala el sayo y si alguna vez lo caló, pronto lo enjugó”. De hecho tiene recogidos en varios libros los muchos refranes emitidos y su significado.

La propia ubicación de Astudillo, la localidad más oriental de la provincia de Palencia, inspiró un dicho: “Por Astudillo sale el sol”. El páramo de Alcubilla, de Astudillo, es emblemático en este sentido ya que es por donde asoman los primeros rayos del sol y a la vez un punto desde el que contemplar de forma espectacular la puesta solar al ser un alto desde el que se divisa el inmenso campo abierto de Tierra de Campos.

Muchas otras localidades cerrateñas presentan refranes, dichos e historias relacionadas con la climatología.

En Amusquillo, dos elementales: “Llueve cuando llueve, y no llueve cuando no llueve”, y “Arco arriba, sol con cerco; si no llueve, tiempo seco”.

En Villafuerte, “Si llueve por Santa Bibiana, cuarenta días de agua y una semana”.

En Fombellida existe un pico denominado Torobueno y cuando los nublados llegan por ese lado descargan seguro, lo que ha dado lugar a la expresión “cuando Torobueno se enoja, Fombellida se moja”.

En 1572 Felipe II creó el marquesado de Aguilafuente, recayendo en Pedro de Zúñiga, que tuvo relación con el Cerrato porque ostentó también el marquesado de Castroverde de Cerrato, fue fundador del Convento de San Francisco de Baltanás y señor de Villán, poblado, hoy despoblado, perteneciente a Alba de Cerrato.

En Villán hay un pico denominado Santa Cristina en el que existía una piedra en forma de mesa, que se denominó La mesa de la marquesa quizás porque el imaginario popular estableció que allí se sentaba a comer la marquesa, Ana Enríquez de Cabrera.

Justo enfrente existe otro pico, denominado Tovar. La existencia de ambos picos hace que el lugar sea propicio para que los nublados se rompan y no descarguen, por lo que en Alba de Cerrato llueve menos que en los pueblos limítrofes. Si el nublado entraba por Población de Cerrato, al llegar a Villán se rompía y una parte de las nubes tomaba camino de Cevico de la Torre y otra camino de Esguevillas de Esgueva, librando a Alba de Cerrato de la tormenta.

También se pensaba que disparar a las nubes rompía los nublados, por lo que se disparaban tiros a las nubes desde Villán.

En Castrillo de Don Juan eran más contundentes: lo hacían a cañonazos. Tenían un cañón cuya finalidad era disparar a las nubes cuando amenazaban nublado. Un desgraciado accidente puso fin a esta práctica: en una ocasión se atascó la pólvora y no disparó, por lo que el encargado de ejecutarlo, Carlos Alejos Diez, metió la cabeza por el hueco del cañón para ver qué había ocurrido, y en ese momento se desatascó la pólvora y le voló la cabeza.