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A PIE DE ARBOL

Semillas de la muerte

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Actualizado 17/02/2020 10:28:52
Flaviano Casas Martínez

¿Para qué sirve la ciencia y la tecnología si no van acompañadas de conciencia y de ética?. ¿Cómo se entiende, si no, el envenenamiento de los suelos y de las aguas, y el consiguiente proceso de desertificación, sin la alteración genética, los agro-tóxicos y la química generalizada?. Los alimentos ecológicos no surgen como moda, sino como necesidad, para preservar la salud, la vida y la biodiversidad.

FLAVIANO CASAS

El sindicato agrario ASAJA de Palencia, incondicional defensor del glifosato y de las corporaciones que luchan por acaparar la soberanía alimentaria, ha tenido a bien presentar a la sociedad palentina al ¿científico? y divulgador J.M. Mulet. Anunciada esta visita por los precursores locales, quienes pretenden lavar la imagen de sus propias fechorías ambientales, el caldo de cultivo propagandístico alimentó mentiras y patrañas contra los ecologistas, los animalistas y el campesinado que cuida y labra con dignidad la Tierra de forma natural y sostenible.

El periódico de ASAJA-Palencia tuvo la osadía del presentar en primera página, frases destacadas del “científico” Mulet: “Los productos ecológicos no son más sanos ni más sostenibles, sino más pijos”, “Hoy sería imposible vivir sin utilizar transgénicos”… Estas afirmaciones provocadoras faltan a la verdad, constituyen un insulto a la inteligencia y pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino.

El campesinado conoce la ciencia milenaria y nutre nuestra despensa con alimentos naturales, sanos y ecológicos de máxima calidad nutritiva y organoléptica, sin envenenar la Tierra y el ganado con pesticidas, herbicidas, abonos químicos, antibióticos, hormonas y modificaciones genéticas. Mulet, en su libro: “Qué es comer sano”, ¿nos explica el origen de las crisis alimentarias: las “vacas locas”, “pollos con dioxinas”, el clembuterol…, o nos habla de preservar la salud de la Tierra y de quienes la habitamos?. Quienes lean su libro “Qué es comer sano”, debieran compararlo con otros libros titulados: “Lo que hay que tragar”, “La comida basura”, “Las semillas de la muerte, “Ratas de laboratorio”…

¿Para qué sirve la ciencia y la tecnología si no van acompañadas de conciencia y de ética?. ¿Cómo se entiende, si no, el envenenamiento de los suelos y de las aguas, y el consiguiente proceso de desertificación, sin la alteración genética, los agro-tóxicos y la química generalizada?. Los alimentos ecológicos no surgen como moda, sino como NECESIDAD, para preservar la salud, la vida y la biodiversidad. La demanda es constante y está sometida a estrictos controles, hecho que contribuye a la protección del medio ambiente y al desarrollo rural.

¿Son más caros los alimentos ecológicos?.—La diferencia de precios está justificada porque la agricultura industrial y transgénica no incorpora los COSTES OCULTOS resultantes de sus métodos devastadores como son la contaminación del suelo, de las plantas, del agua, del aire, los procesos erosivos, las plagas resistentes, la pérdida de biodiversidad, la destrucción de la flora y la fauna, el incremento de las afecciones patológicas y las enfermedades en los seres humanos. Como ejemplo, la llamada “crisis de las vacas locas” costó a los ingleses más de cuatro mil millones de libras y 40.000 empleos en el campo.

La agricultura industrial y transgénica, junto a las fumigaciones, no solo producen desastres ambientales, sino que son responsables de muertes en el campo y en la mesa. Por ello, la soberanía alimentaria ha fijado un posicionamiento FIRME E IRRENUNCIABLE frente a los cultivos y semillas transgénicas, los agro-combustibles, los desiertos verdes, la transformación de suelos cultivables en urbanizaciones especulativas, las grandes distancias para transportar alimentos de una parte a otra del planeta, la agricultura industrializada (sin agricultores) y el derroche de materias primas para su práctica especulativa.