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CERRATO INSOLITO

La Reina Juana y Felipe el Hermoso

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Actualizado 24/04/2020 11:04:14
Fernando Pastor

Desgraciadamente la actual pandemia vírica continúa. Por ello no viene mal recordar otras epidemias sufridas en la comarca del Cerrato, que se ha visto asolado por terribles epidemias de peste.

A mediados del siglo XIV una epidemia de peste negra provocó una gran mortandad y la despoblación de muchas aldeas. Los siglos XVI y XVII también fueron duros en este sentido. En 1783 se desató una gran epidemia en la zona de Valdecañas debido la putrefacción del agua estancada después de desbordarse los cauces por una inundación. Etc.

Si anteriormente hablamos de la tradición denominada El carro de leña, que rememoraba una epidemia en Valbuena de Duero, hoy vamos a resaltar cómo la enfermedad afectó a la Familia Real en el siglo XVI.

Tras el Consejo de Regencia presidido por el Cardenal Cisneros, la reina Juana y su esposo, Felipe I de Castilla (Felipe “El Hermoso”), se instalan en Burgos para tomar las riendas del reino, pero unas fiebres acaban con la vida de este, el 25 de noviembre de 1506. Es famosa la teoría de que la causa fue beber agua muy fría estando sudando tras una competición deportiva. Incluso se extendió la teoría, no probada, de haber sido envenenado. Pero queda la sospecha de si la peste ya había comenzado a extenderse por Castilla. Sea como fuere, Juana tenía que cumplir los deseos testamentarios de su difunto esposo de que sus restos reposaran en Granada.

El 20 de diciembre de 1506 se puso en marcha la comitiva, con el cadáver embalsamado y metido en un ataúd de plomo recubierto por otro de madera. El viaje se inició en un carruaje tirado por 4 caballos frisones negros y custodiado por un cuerpo de guardia masculino (lanceros a caballo), sin contacto con mujeres, por lo que ni tan siquiera pudo alojarse en conventos de monjas. Completaban la comitiva cortesanos, soldados, clérigos entonando misereres y oraciones, y músicos tocando música fúnebre. Gran número de hachones encendidos adornaban esta fúnebre comitiva presidida por la reina Juana sentada en una silla de mano.

El día 24 la comitiva llega a Torquemada, instalándose en la iglesia de Santa Eulalia, donde se practicaron oficios mortuorios ininterrumpidos y que sufrió un incendio provocado por los hachones y velas encendidas que rodeaban el féretro.

En esta localidad permanecen 4 meses, ya que la reina está a punto de dar a luz, naciendo su hija Catalina el 14 de enero de 1507. Aunque tras el parto y con una niña recién nacida la intención de la reina era quedarse por más tiempo en Torquemada, la presencia de soldados, obispos, nobles y políticos de todo cuño intentando pescar en el río revuelto del poder, así como los evidentes signos de la existencia de peste (quizás generada por la propia comitiva, con el córpore insepulto de Felipe y el olor cada vez más insoportable del humo de las velas; peste que provocó el fallecimiento de una camarera de la Corte y 8 miembros del séquito del arzobispo), aconsejaron dejar la localidad en el mes de abril.

Se dirigen por tanto a la cercana localidad de Hornillos de Cerrato, portando el féretro a hombros. El séquito se reparte, en cuanto a su alojamiento, entre Hornillos, Baltanás y Valdecañas. En Hornillos instalaron tiendas de campaña.

En esta localidad continuaron los ritos que ya habían desplegado en Torquemada: alabarderos, misas, encendido de antorchas, etc. Precisamente las antorchas provocaron otro grave incendio en la iglesia, favorecido por el fuerte viento, cuyo arreglo tuvo un coste de 40.000 maravedíes. Ello incrementó en descontento que ya había con la comitiva por hechos como la tala masiva de árboles para encender hogueras con las que combatir el frío, la obligación de alojar a algunos miembros de la comitiva en casas particulares y de aportar alimentos para su manutención, etc. En total el municipio reclamó una indemnización de 500.000 maravedíes.

En agosto la reina Juana tuvo conocimiento de que su padre, Fernando el Católico, quería entrevistarse con ella para firmar un tratado por el que le cediera de nuevo el poder, alegando que sus facultades mentales no eran óptimas. Tal entrevista quedó fijada para el 29 de agosto en Tórtoles de Esgueva.

En el camino de Hornillos a Tórtoles la comitiva pasó por Antigüedad. Al pasar por el pago denominado Páramo de la Muñeca, quizás por el cansancio de la caballería y sobre todo por lo intrincado del terreno, el féretro se cayó al suelo. Para señalar el lugar en que los restos de su marido besaron el suelo, la reina mandó erigir una cruz de piedra, conocida como la Cruz de la Muñeca.

En su periplo la comitiva real, además de las citadas, atravesó más localidades cerrateñas: Villahoz, Castrillo de Don Juan, Encinas de Esgueva, Canillas de Esgueva, Villaco de Esgueva, Castroverde de Cerrato, Fombellida, Torre de Esgueva, Amusquillo, Esguevillas de Esgueva, Piña de Esgueva, Olmos de Esgueva, Villanueva de los Infantes…

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