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CERRATO INSOLITO

El fútbol en Astudillo: Antonio Álvarez

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Actualizado 30/06/2020 11:53:09
Fernando Pastor

Corría el año 1967 cuando este sacerdote salesiano regentaba un centro juvenil que albergaba a más de 200 chicos y le preocupaba que no dispusieran de ningún medio de entretenimiento los domingos por la tarde, ya que en Astudillo no existían medios de diversión. Ello le llevó a proponer al alcalde astudillano de entonces, Emilio Sendino, crear oficialmente un equipo de fútbol.

En la anterior entrega citábamos el papel que Antonio Álvarez tuvo en la fundación del Deportivo Astudillo como equipo federado.

Corría el año 1967 cuando este sacerdote salesiano regentaba un centro juvenil que albergaba a más de 200 chicos y le preocupaba que no dispusieran de ningún medio de entretenimiento los domingos por la tarde, ya que en Astudillo no existían medios de diversión. Ello le llevó a proponer al alcalde astudillano de entonces, Emilio Sendino, crear oficialmente un equipo de fútbol.

La sorpresa del regidor fue mayúscula, considerando inviable el proyecto habida cuenta de que la localidad ni siquiera contaba con un campo en condiciones para competir.

Pero Antonio Álvarez insistió, buscando una solución a cada problema que surgiera. Convenció a los dueños de unas tierras para que se las vendiesen al Ayuntamiento y a los pocos días ya estaban las máquinas allanando el terreno. Pusieron unas porterías y listo para jugar.

Hacía falta un entrenador, y le propusieron el cargo a Emilio, que trabajaba de peón caminero arreglando carreteras, pero sabían que le gustaba el fútbol.

El éxito de público en los partidos fue total. Pero tenía trampa: el campo no tenía tapia, por lo que no había posibilidad de cobrar entrada ni de hacer socios, y acudía todo el pueblo, hasta los perros. Al no tener ingresos de taquilla ni de abonos no podían cobrar nada ni el entrenador ni los jugadores.

Por ello, Antonio Álvarez en cada partido abordaba a algún espectador vecino del pueblo, del que supiera que andaba bien de dinero, y le decía “hoy te toca a ti pagar a los árbitros”, sin encontrar nunca respuesta negativa. Además acudió a la Federación de Fútbol, consiguiendo una subvención de 10.000 pesetas para poder adquirir una equipación. Ropa que después lavarían tras cada partido las monjas clarisas.

Los primeros resultados fueron abultadísimos en contra, encajando goleadas de 11 y 12 goles. Pero poco a poco fueron incorporando jugadores de los pueblos de alrededor que mejoraron el equipo.

Era el caso de Alberto, un chico de Santoyo que en su primer partido no tenía aún ficha y jugó falsificando la ficha de otro. Con tan mala suerte de que en ese partido se rompió la tibia y el peroné. Al no tener la ficha a su nombre el seguro no se hizo cargo de nada. Antonio Álvarez se encaminó a la Federación Regional y regresó con los papeles arreglados para que el seguro cubriera los 6 meses que el chico permaneció lesionado. ¿Cómo lo consiguió?: “diciendo alguna mentirijilla”, reconoció este salesiano.

Unos años después, al contar con un campo nuevo (el actual “La Joya”), el Astudillo comenzó a tener ingresos. Ya podía cobrar entrada y abonos de socios, y todos los asistentes compraban papeletas para la rifa de un jamón en el descanso de los partidos. Algunos bares de la localidad organizaban bingos para obtener recaudación para el Deportivo Astudillo.

Antonio Álvarez se desvinculó del equipo que había fundado, pues marchó de misión a Guatemala, donde organizó actividades deportivas y actuó de entrenador, de árbitro, creó una escuela de árbitros, etc. Tras 26 años regresó, aunque estuvo en Vigo hasta 2001, año en que volvió a Astudillo. Desde entonces estuvo mucho tiempo acudiendo como un espectador más a todos los partidos que el Astudillo jugaba en casa.

Reza a diario por los jugadores pidiendo que sean buenas personas, y les envía cartas en sus cumpleaños con estampas de María Auxiliadora, con consejos para que no caigan en la droga y con artículos y escritos de carácter religioso, mismos contenidos que envía también a sus padres.