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OPINIóN

Y ahora, ¿qué? (Reflexiones sobre la desescalada)

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Actualizado 02/07/2020 10:53:53
Redacción

Hemos visto la terrible soledad de los muertos y el casi nulo acompañamiento de familiares y amigos en su despedida final. Los miles de abuelos fallecidos en el más completo anonimato. Hemos perdido jirones de nuestra historia, algo que tienen que saber y entender estas generaciones de políticos que no conocieron ni la guerra con sus muertos, ni la posguerra con su hambre y su miseria. Se nos ha ido el testimonio más fiable que se podía oír de aquellos que lo sufrieron en su propia carne.

Ahora que el virus COVID 19 ha puesto “patas arriba” el sistema sanitario y económico-social de este nuestro mundo. Ahora que nos damos cuenta que el hombre, a pesar de titánicos esfuerzos, no puede combatir el coronavirus de una manera contundente y eficaz. Ahora que percibimos que los adelantos tecnológicos y la grandeza de la sabiduría humana con prestigiosos bioquímicos, investigadores, biólogos moleculares, expertos en diagnóstico PCR, doctores en Ciencias del Coronavirus, farmacéuticos de relieve universal, virólogos, inmunólogos,…. están empequeñecidos ante la virulencia de la pandemia. Ahora que quiero referenciar a D. Fernando Simón con un currículo genial y a D. Salvador Illa que, posiblemente se han volcado en poner de manifiesto lo positivo que han logrado ante esta alarmante situación sanitaria, aunque no es menos cierto los errores que también son dignos de resaltar. Y querido lector, mediante este inciso, me atrevo a resaltar que cuando esto se normalice un poco, serán los “cabezas de turco” de los políticos (no todos), que lanzarán verdaderos dardos envenenados en los aspectos negativos que se hayan podido cometer. Ahora es cuando vemos todo de una manera personal y sacamos conclusiones, aparte de las mencionadas, porque el confinamiento y la reclusión en el hogar nos ha dado pie, para sacar otras que vamos a exponer. Después de escuchar, ver y leer los medios de comunicación social, uno se forma sus deducciones personales.

Hemos visto la terrible soledad de los muertos y el casi nulo acompañamiento de familiares y amigos en su despedida final. Los miles de abuelos fallecidos en el más completo anonimato. Hemos perdido jirones de nuestra historia, algo que tienen que saber y entender estas generaciones de políticos que no conocieron ni la guerra con sus muertos, ni la posguerra con su hambre y su miseria. Se nos ha ido el testimonio más fiable que se podía oír de aquellos que lo sufrieron en su propia carne. Ya no podrán contestar a las preguntas de los nietos, tantas como los contagiados por la pandemia. “Por qué empezó la guerra?” “Mis padres jugaban en la calle?” “Estaban también confinados?” “¿Podía salir la abuela a comprar?” “Había alimentos para todos?” “¿Pasabais hambre? “¿Se podía trabajar o no había trabajo?”. Y un largo etcétera que sólo tendrá respuesta en la eternidad donde se encuentran. Y ahora, estos niños, nietos de sus abuelos, harán comparativas con aquellos hechos y este Covid 19 y desearán con todas sus fuerzas infantiles que esto acabe pronto. Amigos lectores, esto acabará de manera absoluta cuando toda la chiquillería salga de manera total de sus casas, paseen y llenen de gritos las calles de la ciudad, jueguen sin descanso en los parques, vayan con espíritu renovador a sus respectivos “Coles”, llenen las aulas de esa alegría sin límites de la niñez, dejen TV, Tablets y Videojuegos, corran, retocen, se recreen e incluso hagan alguna pequeña travesura, besen y abracen a familiares y amigos, sin olvidar a los abuelos, porque entonces y solo entonces, habrán aprendido “adecuadamente” la lección que nos ha enseñado esta `pandemia.”. Este virus que ha sido capaz de trastocar, por la vía de la alarma y el confinamiento, el curso de la vida familiar y social. Pero a buen seguro encontraremos una vida mejor, llena de esperanza y solidaridad virtudes que, por otro lado, jamás debemos abandonar, y que estará llena de esperanza y solidaridad.

Para terminar y no cansar amable lector, expongo otras reflexiones que quizá no se han valorado en su justa medida. Y “ahí lo dejo”, por si sirven para una meditación exhaustiva en este futuro prometedor que tenemos a la vista. Me refiero a los maestros, educadores y profesores , que con una metodología de muchísimos quilates han llevado a los hogares la “teletarea” y las “teleexplicaciones” a sus alumnos , de tal suerte, que lo han asimilado como una experiencia educativa novedosa, que tendrá un largo recorrido en ese futuro ilusionante. A los escolares, todos sin excepción, que han dejado una huella imborrable de “saber estar””, haciendo con diligencia los deberes encomendados. Los padres con su ayuda, verdaderos artífices de esa corresponsabilidad que debe existir entre docentes y familia si queremos conseguir fructíferos resultados en una formación integral en libertad y responsabilidad. Lo negativo, tristeza al leer y oír que muchos escolares no tenían los medios telemáticos en sus casas para seguir los trabajos que se iban desarrollando. Gracias de corazón a todo el personal que se encargaba de llevar las tareas fotocopiadas a sus casas. Recuerdo emocionado para los padres de estos niños, dedicados por entero al trabajo para sacarles “adelante” a ellos y a “esta España mía, esta España nuestra” que está colapsada ante esta hecatombe sanitaria y económico-social que se vislumbra en lontananza. Y por favor, Sres. Políticos, cuando se dirijan a la ciudadanía, utilicen un lenguaje coloquial, sencillo y entendible. No todos tienen conocimientos culturales básicos, ni estudios medios, ni son titulados. Dejen lo “disruptivo, desegmentación, las pruebas serológicas, desconectividad, desconfinamiento, cogobernanza, desescalada, prioritización,….”, no tienen cabida en el lenguaje normal que utiliza la ciudadanía. Si esto sigue así, habrá que proponer “un ingreso mínimo cultural” para ellos, aunque sea a base de diccionarios de bolsillo. Al poner el punto final a estas reflexiones, me dice uno de los nietos: “Abuelo, ¿los juguetes son también para romperlos? Y ante tanto “des-, dis-, con-, di-, co-“, la respuesta fue inmediata: “No te preocupes. Sabremos desromperlos”.

Demetrio de la Fuente Rodríguez