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CERRATO INSOLITO

Gonzalo Alonso, palentino y vallisoletano

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Actualizado 02/10/2020 10:42:06
Fernando Pastor

A Gonzalo Alonso de Paz en Valladolid le llamaban palentino y en Palencia vallisoletano. Aunque nacido en 1925 en Valladolid por motivos laborales de su padre, su familia materna era de Cevico de la Torre y él vivió desde los 18 meses hasta los 8 años con sus abuelos y sus tíos en Castrillo de Onielo, donde ejercían de maestros.

Del Cerrato han procedido varios presidentes del Real Valladolid, como Manuel Esteban Casado, Pedro San Martín López y sobre todo, por duración e importancia, Gonzalo Alonso de Paz. Todos ellos además de forma consecutiva. Dos de ellos, Gonzalo Alonso y Pedro San Martín, han fallecido este año.

A Gonzalo Alonso de Paz en Valladolid le llamaban palentino y en Palencia vallisoletano. Aunque nacido en 1925 en Valladolid por motivos laborales de su padre, su familia materna era de Cevico de la Torre y él vivió desde los 18 meses hasta los 8 años con sus abuelos y sus tíos en Castrillo de Onielo, donde ejercían de maestros.

En esta localidad, estando con unos amigos vieron una mula atada a una reja. Uno de los amigos le dijo “Gonzalito, pínchala en el culo con esta vara”. Lo hizo, y la mula le atizó una coz impresionante que le causó una herida para la que le dieron una pomada que se llamaba Cusi. Días después su abuela le llevó a ver a una señora del pueblo que estaba enferma de cáncer, y Gonzalo le dijo a la señora que se diera la pomada Cusi, que iba muy bien.

Después fue a vivir con sus padres a Madrid, donde le hicieron socio infantil del Real Madrid. Pero tras presenciar un partido de 3ª División, muy tumultuoso, entre el Salamanca y el Real Valladolid, surgió su inclinación por los blanquivioletas.

A los 14 años se instaló en Valladolid, trabajando de aprendiz en Calzados la Pipiola. Allí superó el tifus exantemático, transmitido por piojos, aunque su abuelo falleció contagiado por él.

El fútbol y el calzado serían su vida. No se cansaba de ver partidos de 1ª División, anotando los jugadores que destacaban y estableciendo contacto con futbolistas y equipos de la región.

Su siguiente destino laboral fue Palencia, como gerente de Calzados Prieto.

Un representante de calzado que se jubilaba le propuso llevar él la representación, y desde entonces su dedicación al mundo del calzado fue como representante, llevaba marcas conocidas.

Acudió como invitado al palco en un partido del Palencia F.C. y vio con extrañeza que el equipo local jugaba solamente con 10 futbolistas. Los directivos le explicaron que no contaban con más jugadores. Su respuesta: “hay que arreglar la situación”. “¿Cómo?”, le preguntan, y él: “no se preocupen, que el miércoles tiene un equipo nuevo”. Se fue a hablar con el secretario técnico del Real Valladolid, Héctor Martín, que era íntimo amigo suyo, y logró que cediera al Palencia 9 jugadores, con los que el equipo morado quedó campeón ese año, 1957, ascendiendo a 3ª División. En agradecimiento, Gonzalo recibió la Insignia de Oro del Palencia F.C.

El propio Real Valladolid le propuso tiempo después integrarse en el club como vocal y contador. “¿Pero qué tengo que contar aquí, si no hay ni un duro?”, respondió. Pero aceptó. Estuvo como contador desde 1971 hasta 1975 y posteriormente como tesorero.

Con él como directivo los blanquivioletas ascendieron en 1971 a 2ª División, tras pagar de su bolsillo (el club no tenía dinero para ello) una prima de 300.000 pesetas a los jugadores del Andorra para que vencieran a Osasuna (el otro aspirante al ascenso) en la jornada decisiva. Prima por ganar.

Después fue vicepresidente y poco después ya presidente, desde 1978, con el club arrastrando una deuda de 47 millones de pesetas. Se propuso sanearlo, y lo fue consiguiendo. Créditos bancarios, pagando las fichas de los jugadores al final de temporada en vez de al principio, y otras ideas innovadoras en aquel entonces.

En su primera temporada como presidente al Real Valladolid le faltó un solo gol para ascender a 1ª División. La siguiente lo logró holgadamente, 5 partidos antes de la finalización del campeonato. Ese año el Palencia también estaba en 2ª División, y el calendario deparó un enfrentamiento Real Valladolid – Palencia en el viejo campo José Zorrilla. Los blanquivioletas, ya ascendidos, no necesitaban los puntos y los palentinos necesitaban puntuar para no descender. Para evitar suspicacias y que alguien pudiera pensar que intentara beneficiar al Palencia (del que había sido directivo y tenía la Insignia de Oro), ofreció a sus jugadores un aumento de la prima que tenían estipulada por ganar: si normalmente era de 20.000 pesetas por cada victoria lograda, ese día les daría 25.000, pagando el aumento de su propio bolsillo.

Pero el resultado fue que el Palencia ganó 0-2, así que no hubo lugar. Y reconoció que se alegró del resultado, no por ahorrarse la prima sino por el Palencia, al que lleva en el corazón. Se declaró honrado a carta cabal: “primar por ganar las que sea, las que se hayan puesto a tiro, pero por perder jamás”.