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CULTURA

El Centro Cultural Provincial acoge un gran belén napolitano de la colección Mara Vilar-Sancho

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Actualizado 11/12/2020 12:33:34
Redacción

El belén combina las escenas religiosas con otras paganas que reconstruyen el ambiente de un pueblo de Nápoles en el siglo XVIII. Con ochenta figuras humanas y unas trescientas piezas de atrezo, el nacimiento destila expresividad y una gran sensación de realismo. La presidenta de la Diputación ha visitado la instalación y anima a disfrutarla respetando siempre las medidas de prevención.

La presidenta de la Diputación de Palencia, Ángeles Armisén, ha visitado hoy el belén napolitano que se mostrará en la sala de exposiciones del Centro Cultura Provincial hasta el 6 de enero, dentro de la programación de actividades que organiza la administración provincial con motivo de las fiestas de Navidad y, en este caso, con el objetivo concreto de fomentar la tradición belenista, tan arraigada en nuestras tierras. Con idéntico fin, la Diputación de Palencia también coloca un belén en uno de sus principales centros culturales y turísticos, la Villa Romana La Olmeda, situada en Pedrosa de la Vega; y convoca además el Concurso Provincial de Belenes, que alcanza su decimoquinta edición.

La construcción de belenes o nacimientos, que forma parte de la tradición navideña española desde el siglo XVIII, representa la llegada al mundo de Jesús de Nazaret, pero —más allá de su importancia como muestra popular de religiosidad— los nacimientos han servido también para evocar el mundo tradicional y rural a través de sus ambientaciones pastoriles. El Servicio de Cultura de la Diputación de Palencia se esmera cada año en mostrar en el centro situado en la Plaza de los Juzgados una muestra de calidad belenista, como la que acoge desde el pasado viernes: un magnífico belén napolitano de la colección de Mara Vilar-Sancho, cuyo montaje ha corrido a cargo de la empresa Que no me llamen Belén Belén.

La presidenta de la Diputación de Palencia, Ángeles Armisén, ha recorrido hoy este espectacular nacimiento, acompañada por la diputada provincial del Área de Cultura, Carolina Valbuena. La presidenta ha animado a los palentinos y a las personas que viajen estos días a Palencia a acudir a disfrutar de este belén, respetando siempre las medidas de prevención y seguridad que se han adoptado para su acceso (aforo controlado, higiene de manos, uso de mascarilla…).

HORARIO: De lunes a viernes: 16:00-20:30 | Sábados, domingos y festivos: 11:00-14:00 y 16:00-20:30 | 24 y 31 de diciembre: 11:00-14:00 | 25 de diciembre y 1 y 6 de enero: 18:00-20:30.

DESDE CARLOS III. El origen de los belenes napolitanos se remonta a los siglos XVIII y XIX, cuando Carlos VII de Nápoles, gran entusiasta de los belenes, accedió al trono de España como Carlos III y se trajo consigo su belén con unas siete mil figuras, por el que sentía gran aprecio y afición. Cuando abrió las puertas de palacio en Navidad para mostrarlo, la nobleza primero, y luego el pueblo, secundaron rápidamente al monarca y, cada uno con la calidad que le permitía su economía, trataron de emular esa tradición real.

El belén instalado por la Diputación de Palencia en el Centro Cultural Provincial está dividido en dos partes: una religiosa, que tan solo incluye las escenas del Misterio, la anunciación a los pastores y la adoración de los Reyes, y otra pagana-costumbrista, con escenas del pueblo de Nápoles en el siglo XVIII. En este tipo de belenes, esta parte suele ocupar mucho más espacio que la primera, y destaca en ella la figura de Benino, básica en cualquier belén napolitano, situada en un lugar privilegiado del belén, y que representa a un pastor dormido, o en además de despertarse, a quien la inspiración divina le comunica el nacimiento de Jesucristo.

El conjunto consta de unas ochenta figuras, de un tamaño de entre cincuenta y treinta centímetros de altura, en su mayoría realizadas por Giussepe & Marco Ferrigno, un taller artesano que desde 1836 mantiene el estilo setteccento napolitano, con vestimentas recamadas en oro y fabricadas con seda de San Leucio, localidad italiana donde pervive la antigua sedería que abastecía a toda Europa, y que aún hoy suministra sedas al Vaticano y al Quirinal, así como a la Casa Blanca y al Palacio de Buckingham para sus banderas. Asimismo, el belén incorpora alrededor de trecientas piezas de atrezo (incensarios, coronas y cofres de plata, instrumentos musicales y metálicos) y un sinfín de detalles —los llamados finimenti— que aportan realismo y expresividad a este bello y original nacimiento napolitano.

ARQUITECTURA MUDÉJAR. El Misterio del belén situado en el Centro Cultural se ha colocado dentro de un humilladero, como homenaje al mudéjar, un arte exclusivamente hispánico, a diferencia de los belenes napolitanos, donde siempre se ubica siempre en una ruina romana, precisamente para enfatizar de manera simbólica la caída del paganismo y el surgimiento de la religión cristiana. Dos ángeles custodian la estructura, coronada por un tercer ángel que porta la estrella que sirve de guía a los Reyes. Como peculiaridad de este belén, a la derecha del Misterio se sitúa un árbol de navidad, elemento que forma parte de la tradición cristiana desde que San Bonifacio, en el siglo VI, arrancó un árbol al que adoraban las tribus paganas y mandó colocar en su lugar un abeto.

A continuación, encontramos diferentes arquitecturas que conforman el marco de unas escenas idealizadas de la vida cotidiana, detenidas para su contemplación, en las que encontramos en cordial armonía a personajes árabes y cristianos, a ricos y pobres… De algún modo ése es el sentido simbólico de la parte pagano-costumbrista del belén napolitano: ese mundo mejor y más abundante que nos va a traer la llegada de Jesús, con el que sueña el pastor Benino.

La escena titulada «La taberna», que en este montaje se inspira en una bodega española, es otro de los elementos imprescindibles en los belenes napolitanos, ya que representan las vanidades, los vicios, la depravación… pero también es el lugar de reunión donde se festeja la buena nueva del nacimiento del Salvador.